
Ayer hablando con una amiga, comencé a tramar esto que pasaremos a llamar artículo, cosa que cualquier periodista pondría en duda, pero si no doy para más, no doy para más.
Quería reivindicar con ellos música que los que solo tienen en mente
Sónar y pollas en vinagre jamás tendrán en cuenta, que lo que no salga la semana que viene ya no existe ni tampoco importa por lo visto.
Personalmente no estoy en contra de la vanguardia musical...creo, pero a mi dame música hecha por músicos, y no por maquinitas, y si hay radicales de otras cosas, yo desde el primer año, dije que no pisaría ese festival y no lo he hecho ni lo haré. Y me temo que con el alegato trendy que es el
Primavera Sound me pasará lo mismo.
A lo que ibamos, que os dejaré que penséis vosotros mismos que cosa de las tres del título es cada cosa, seré breve pero intenso, y allá cada cual que aguante su vela, que me he ido por las ramas, con los de los festivales y todo eso.
Comenzaremos por el producto nacional, y esos grandes que fueron
Alaska,
Carlos Berlanga & Co., con el mítico
Bailando, que si prestamos atención es un calco de los
Gibson Brothers y ese hit bizarro que es
Cuba.
El siguiente en cuestión, es mi adorado
Edwyn Collins, el fundador de los añorados
Orange Juice, y que en su canción más conocida mundialmente, olía a
Len Barry que caía de culo.
Y ahora, una que descubrí gracias a
Miqui Puig en una conferéncia, y que luego bailé en una sesión suya, y es esa trompetilla que
Beyoncé usaba en su
Crazy In Love, "sisada" de los souleros
The Chi-Lites.
También me pareció abrumador, que una canción hedonista como
Ritmo de la noche, intrascendente total, reciba todo tipo de elevación a los altares, de un genio como
Guille Milkyway, de un "pesao" como
Chris Martin, incluso más recientemente de los murcianos
The Leadings.
Para rematar, repetir una cosa que ya puse hace un tiempo en un artículo parecido, que personalmente ya he usado en alguna incursión pinchadisquera que hago, y que me hace más fuerte para pronunciarme sobre el plagio evidente de
Juan Pardo sobre
The Beatles. Más claro, el agua.
Y con esto y un bizcocho, ahí lo dejo. Aquí me quedo esperando demandas de los artistas susodichos, o incluso de sus discográficas, que tienden a no ser muy pequeñas, y a veces, (solo a veces...creo), matan la originalidad a golpe de talonario