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martes, 25 de septiembre de 2012

[Disco] Julia Holter - Ekstasis (2012)

El último disco de Julia Holter tiene un título revelador: Ekstasis. De hecho, se han editado dos discos de la talentosa californiana en siete meses, el primero fue bajo el título Tragedy, y no hay transición entre ellos, ha afirmado que los compuso y grabó a la vez en su casa.

Personalmente, me he rendido a su música experimental, que navega entre la poesía, la electrónica y el minimalismo, creadora de atmósferas envolventes, mágicas, incluso cinematográficas.

En cada una de sus canciones se intuye un trabajo refinado y preciosista, probablemente fruto de su amplia formación clásica.

No obstante, su labor de compositora comparte protagonismo con su voz de musa ingrávida, la cual desdobla muy a menudo, creándose sus propios coros. Ella misma ha reconocido que la voz es un tema que la obsesiona. Y, aunque prescinde de guitarras, explota al  máximo su faceta multiinstrumental con el piano, el órgano, el harpiscordio, el armonio, el sintetizador y percusiones varias. El saxo, la batería y el violonchelo son sus acompañantes más habituales.

Ekstasis parece respirar la tradición de la música antigua entroncada con el folk y la música clásica para exhalar, de principio a fin, exquisito pop vanguardista. Julia Holter se inspira en numerosas referencias artísticas y literarias y muy especialmente en la mitología y el misticismo de la antigüedad. Su primer EP Eating the stars (2007) se basaba ya en culturas de otros tiempos y canciones del Tragedy, como Interlude, Celebration o Try to make yourself a work of art, suenan a rituales.

Una fuente muy importante para ella ha sido el ensayo de la experta en literatura clásica griega Anne Carson: Decreation. Poetry, Essays, Opera (2005). De ahí los títulos de sus álbumes y la estética clásica de vídeos como el de la canción Goddess Eyes I dirigido por Jose Wolff. Sospecho que si siguiera en la misma línea, y bebiendo del mismo imaginario, el próximo y esperado trabajo se nombraría Catarsis, ese estado de purificación al que el espectador llegaba a través de la experiencia trágica.

El disco se inicia con Marienbad, donde se nos sugiere ya el punto fuerte y constante de su intenso trabajo, la riqueza vocal y melódica y los silencios bien administrados. Our Sorrows transita entre un paisaje fantasioso de cuento de hadas y la melancolía de una mujer madura cuyos recuerdos viajan reposadamente desde la infancia hasta llegar a la adolescencia con In the same room.

Con Boy in the moon levitamos hacia lugares desconocidos y comunes a la vez, vistos siempre desde lejos, palabras que suenan como llamadas de otro planeta, quizás la pieza que estaría más en la línea experimental del anterior Tragedy.

Pero Fur Felix nos devuelve los pies en el suelo, la repetición como juego, la sencillez de una melodía casi infantil y The Goddess Eyes II, segunda versión de un tema que me parece poco relevante al lado de la excelencia de Monie Mon Amie, canción que Holter susurra con la dulzura de una nana. Four Gardens suena a fantasía de aires orientales, seguida del retorno a la distorsión con The Goddess Eyes I, mucho más breve e interesante que su versión predecesora.

Con la última parada del viaje This is Ekstasis, vuelven la voz y el piano desnudos que dan paso a casi nueve minutos de constantes descubrimientos sonoros y fluctuaciones rítmicas, para lo que recomiendo encarecidamente dejarse llevar simplemente, así de fácil y de complicado.

Advertencia importante: no perdáis de vista los pasos de esta joven artista y estad atentos a sus íntimos e intensos directos. El último en Barcelona fue en la Sala Sidecar ante cuatro gatos que lo disfrutamos de cabo a rabo y sintiéndonos unos auténticos afortunados. No os extrañe que su próxima aparición por aquí sea mucho más masificada, desde la Sala Apolo hasta el mismísimo Primavera Sound, ¿por qué no?.

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